
Ana Frank nos dejó un hermoso ejemplo de capacidad de resiliencia. Antes de morir, en el genocidio nazi a fines de la Segunda Guerra Mundial, escribió en su diario de vida: “Yo no pienso en toda la miseria, sino en toda la belleza que aún persiste. Esta es una de las cosas que nos hace tan distintas a mi mamá y a mí. Su consejo, cuando una está melancólica, es: “Piensa en toda la miseria que hay en el mundo que a ti no te toca”. Mi consejo es: “Sal para afuera, sal al campo, goza de la naturaleza y del sol. Trata de recapturar la felicidad en ti misma y en Dios. Piensa en toda la belleza que todavía queda alrededor tuyo. Sé feliz.” (7 de Marzo de 1944)
¿Qué significa “resiliencia”?
El término resiliencia proviene de la física. Expresa la capacidad que tienen algunos materiales de recobrar su forma original después de ser sometidos a una presión deformadora. Este término fue adoptado por las Ciencias Sociales para referirse a la “capacidad del ser humano para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas e inclusive, ser transformado positivamente por ellas” (Grotberg, 1995). La resiliencia no es un estado fijo, ni acabado, o estable; es un proceso que se construye a largo plazo, de naturaleza dinámica. Puede cambiar a través del tiempo y las circunstancias. Tiene dos componentes importantes: la resistencia a la destrucción y la capacidad para reconstruir sobre factores adversos. La resiliencia es una capacidad universal. Todos tenemos algunas características resilientes y podemos desarrollarlas aún más. Si bien algunas personas tienen tendencias genéticas que contribuyen a su resiliencia, como temperamento desenvuelto y atractivo físico, la mayoría de las características asociadas con la resiliencia puede desarrollarse. La resiliencia nos permite tener una mirada más optimista de la vida. Frente a situaciones aparentemente sin esperanza, es posible construir un camino de resiliencia, dejar atrás los determinismos de la genética y del medio y abrirnos a la creatividad y a la libertad.
¿Cómo se construye la resiliencia? El término resiliencia proviene de la física. Expresa la capacidad que tienen algunos materiales de recobrar su forma original después de ser sometidos a una presión deformadora. Este término fue adoptado por las Ciencias Sociales para referirse a la “capacidad del ser humano para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas e inclusive, ser transformado positivamente por ellas” (Grotberg, 1995). La resiliencia no es un estado fijo, ni acabado, o estable; es un proceso que se construye a largo plazo, de naturaleza dinámica. Puede cambiar a través del tiempo y las circunstancias. Tiene dos componentes importantes: la resistencia a la destrucción y la capacidad para reconstruir sobre factores adversos. La resiliencia es una capacidad universal. Todos tenemos algunas características resilientes y podemos desarrollarlas aún más. Si bien algunas personas tienen tendencias genéticas que contribuyen a su resiliencia, como temperamento desenvuelto y atractivo físico, la mayoría de las características asociadas con la resiliencia puede desarrollarse. La resiliencia nos permite tener una mirada más optimista de la vida. Frente a situaciones aparentemente sin esperanza, es posible construir un camino de resiliencia, dejar atrás los determinismos de la genética y del medio y abrirnos a la creatividad y a la libertad.
Stefan Vanistendael -belga, experto en temas de infancia; autor, junto con Jacques Lecomte de La felicidad es posible. Despertar en los niños maltratados la confianza en sí mismos. Construir la resiliencia - desarrolló la imagen de una “casita” para representar en forma esquemática aquellos elementos con los que se puede construir la resiliencia. La “casita” es una pequeña casa compuesta de varios pisos y habitaciones. Cada habitación refiere un campo de intervención posible para la construcción o el mantenimiento de la resiliencia.
- Los cimientos representan las necesidades materiales básicas, como la comida y los cuidados de salud.
- El subsuelo está formado por los vínculos y redes de contacto. Se necesita al menos un vínculo fuerte con una persona que crea en las potencialidades del niño o niña y lo acepte como es, en forma incondicional. Esta persona puede ser un familiar, un vecino o un profesional. Todos podemos asumir este papel frente a un niño o conocido en dificultad.
- En el primer piso se encuentra la capacidad de descubrirle sentido a la vida, lo cual puede estar vinculado a la fe religiosa, al compromiso político o humanitario.
- En el segundo piso hay varias habitaciones: la autoestima, las aptitudes personales y sociales, el sentido del humor. Este último transforma la realidad de la vida en algo más soportable y positivo. Las personas capaces de reírse de sí mismos, ganan en libertad y fuerza interior.
- En el entretecho hay una gran habitación abierta, para las nuevas experiencias por descubrir. Esto representa la capacidad de creer que la vida no se acaba con la desgracia ni el sufrimiento y que ella aún puede dar sorpresas.

Después de la familia, la escuela es un ambiente clave para que los niños adquirieran las competencias necesarias para salir adelante en la vida y desarrollen la capacidad de sobreponerse a la adversidad. Aunque en muchas escuelas existen obstáculos para construir resiliencia en sus alumnos y alumnas, cada docente en su aula puede crear condiciones adecuadas para favorecer la construcción de ella.
A continuación se presentan seis pasos cruciales que muestran cómo las escuelas y los docentes pueden ayudar a promover la resiliencia en los niños:
Pasos 1 a 3: Mitigar el efecto del riesgo en la vida de niños y jóvenes- Enriquecer los vínculos positivos, con los padres y con los alumnos, fortaleciendo, pro un lado, las conexiones entre los apoderados y la escuela, y por otro lado, la vinculación del alumno con el aprendizaje y su permanencia en la escuela. Lo primero se logra instaurando una fuerte participación de la familia en la escuela y lo segundo, ofreciéndole a los estudiantes actividades variadas, como arte, música, deporte, tareas de servicio y muchas otras, después del horario escolar, que refuercen su sentido de pertenencia a la escuela.
- Fijar límites claros y firmes, explicitando las expectativas de conducta en la escuela. Es aconsejable que los alumnos participen en la determinación de normas de conducta y de procedimientos para hacerlas cumplir. Los límites deben basarse en una actitud afectuosa, no punitiva.
- Enseñar habilidades para la vida, tales como cooperación, resolución de conflictos, destrezas comunicacionales, toma de decisiones, manejo sano del estrés, trabajo en equipo.
- Brindar afecto y apoyo, es decir, dar respaldo y aliento en forma incondicional. Este paso es el más importante, ya que parece casi imposible “superar” la adversidad sin la presencia de afecto, que no necesariamente debe provenir de familiares cercanos. Lograr esto en la sala de clases requiere que el docente ocupe tiempo para construir relaciones personales con sus alumnos y alumnas, ya que significa tomarlos en cuenta a todos, estimular a los reticentes; detectar y aprovechar las fortalezas de cada uno; preocuparse e intervenir cuando uno de ellos enfrenta circunstancias difíciles.
- Establecer y transmitir expectativas elevadas y realistas que funcionen como motivadores eficaces, sin sobrecargar a los estudiantes. Transmitir mensajes a los alumnos del tipo “convéncete que eres capaz, esfuérzate otro poco”, “este trabajo es muy importante y sé que tú puedes hacerlo bien”. Los docentes expresan expectativas elevadas cuando establecen relaciones personales con cada alumno y se preocupan de él, cuando aplican un método de enseñanza más personalizado y cuando valoran la diversidad.
- Brindar oportunidades de participación significativa, dándole a los alumnos una alta cuota de responsabilidad, ya sea para fijar metas, ayudar a otros, resolver problemas, tomar decisiones, entre muchas otras. Se trata de contemplar a los alumnos como “recursos” y no como objetos o problemas pasivos. Esta participación se debe extender a la vida familiar y comunitaria.
Referencias:
- Cyrulnik, Boris: La maravilla del dolor , Ediciones Granica, Biuenos Aires, 2001.
- Henderson, Nan y Milstein, Mike M.: Resiliencia en la escuela , Editorial Paidós, Buenos Aires, 2003.
- Milicic, Neva: Creo en ti , Ediciones LOM, Santiago de Chile, 2001.
No hay comentarios:
Publicar un comentario